1
Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que el hombre que lo desvela
Una pena estraordinaria
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.
Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que el hombre que lo desvela
Una pena estraordinaria
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.
2
Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.
Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.
3
Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.
Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.
4
Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No las quieren sustentar
Parece que sin largar
se cansaron en partidas
Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No las quieren sustentar
Parece que sin largar
se cansaron en partidas
5 Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar; nada lo hace recular ni los
fantasmas lo espantan, y dende que todos cantan yo también
quiero cantar.
6
Cantando me he de morir
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar.
Cantando me he de morir
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar.
7
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra:
El cantar mi gloria labra
Y poniéndome a cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra:
El cantar mi gloria labra
Y poniéndome a cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.
8
Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento:
Como si soplara el viento
Hago tiritar los pastos;
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.
Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento:
Como si soplara el viento
Hago tiritar los pastos;
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.
9
Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando:
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.
Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando:
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.
10
Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.
Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.
11
Yo soy toro en mi rodeo
Y torazo en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a cantar
Y veremos quién es menos.
Yo soy toro en mi rodeo
Y torazo en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a cantar
Y veremos quién es menos.
12
No me hago al lao de la güeya
Aunque vengan degollando,
Con los blandos yo soy blando
Y soy duro con los duros,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar tutubiando.
No me hago al lao de la güeya
Aunque vengan degollando,
Con los blandos yo soy blando
Y soy duro con los duros,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar tutubiando.
13
En el peligro, ¡qué Cristos!
El corazón se me enancha,
Pues toda la tierra es cancha,
Y de eso naides se asombre:
El que se tiene por hombre
Ande quiere hace pata ancha.
En el peligro, ¡qué Cristos!
El corazón se me enancha,
Pues toda la tierra es cancha,
Y de eso naides se asombre:
El que se tiene por hombre
Ande quiere hace pata ancha.
14
Soy gaucho, y entiendaló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la tierra es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la víbora me pica
Ni quema mi frente el sol
Soy gaucho, y entiendaló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la tierra es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la víbora me pica
Ni quema mi frente el sol
15
Nací como nace el peje
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios me dio
Lo que al mundo truje yo
Del mundo lo he de llevar.
Nací como nace el peje
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios me dio
Lo que al mundo truje yo
Del mundo lo he de llevar.
16
Mi gloria es vivir tan libre
Como el pájaro del cielo:
No hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de seguir
Cuando yo remuento el vuelo.
Mi gloria es vivir tan libre
Como el pájaro del cielo:
No hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de seguir
Cuando yo remuento el vuelo.
17
Yo no tengo en el amor
Quien me venga con querellas;
Como esas aves tan bellas
Que saltan de rama en rama,
Yo hago en el trébol mi cama,
Y me cubren las estrellas.
Yo no tengo en el amor
Quien me venga con querellas;
Como esas aves tan bellas
Que saltan de rama en rama,
Yo hago en el trébol mi cama,
Y me cubren las estrellas.
18
Y sepan cuantos escuchan
De mis penas el relato,
Que nunca peleo ni mato
Sino por necesidá,
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó el mal trato
Y sepan cuantos escuchan
De mis penas el relato,
Que nunca peleo ni mato
Sino por necesidá,
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó el mal trato
19 Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido, que padre y marido ha sido empeñoso
y diligente, y sin embargo la gente lo tiene por un bandido
20 Ninguno me hable de
penas, porque yo penado vivo, y naides se muestre altivo aunque en el
estribo esté: que suele quedarse a pie el gaucho mas
alvertido.
21 Junta esperencia en la
vida hasta pa dar y prestar quien la tiene que pasar entre
sufrimiento y llanto, porque nada enseña tanto como el sufrir
y el llorar.
22 Viene el hombre ciego al
mundo, cuartiándolo la esperanza, y a poco andar ya lo
alcanzan las desgracias a empujones, ¡la pucha, que trae
liciones el tiempo con sus mudanzas!
23 Yo he conocido esta
tierra en que el paisano vivía y su ranchito tenía y
sus hijos y mujer… era una delicia el ver como pasaba sus días.
24 Entonces… cuando el
lucero brillaba en el cielo santo, y los gallos con su canto nos
decían que el día llegaba, a la cocina rumbiaba el
gaucho… que un encanto.
25 Y sentao junto al jogón
a esperar que venga el día, al cimarrón le prendía
hasta ponerse rechoncho, mientras su china dormía tapadita con
su poncho.
26 Y apenas la madrugada
empezaba coloriar, los pájaros a cantar, y las gallinas a
apiarse, era cosa de largarse cada cual a trabajar.
27 Este se ata las espuelas,
se sale el otro cantando, uno busca un pellón blando, este un
lazo, otro un rebenque, y los pingos relinchando los llaman dende el
palenque.
28 El que era pion domador
enderezaba al corral, ande estaba el animal bufidos que se las pela…
y más malo que su agüela, se hacia astillas el bagual.
29 Y allí el gaucho
inteligente, en cuanto el potro enriendó, los cueros le
acomodó y se le sentó en seguida, que el hombre muestra
en la vida la astucia que Dios le dio.
30 Y en las playas
corcoviando pedazos se hacía el sotreta mientras él por
las paletas le jugaba las lloronas, y al ruido de las caronas salía
haciendo gambetas.
31 ¡Ah, tiempos!…
¡Si era un orgullo ver jinetear un paisano! Cuando era gaucho
baquiano, aunque el potro se boliase, no había uno que no
parese con el cabresto en la mano.
32 Y mientras domaban unos,
otros al campo salían y la hacienda recogían, las
manadas repuntaban, y ansí sin sentir pasaban entretenidos el
día.
33 Y verlos al cair la tarde
en la cocina riunidos, con el juego bien prendido y mil cosas que
contar, platicar muy divertidos hasta después de cenar.
34 Y con el buche bien lleno
era cosa superior irse en brazos del amor a dormir como la gente, pa
empezar el día siguiente las fainas del día anterior.
35 Ricuerdo ¡qué
maravilla! Cómo andaba la gauchada siempre alegre y bien
montada y dispuesta pa el trabajo… pero hoy en día…
¡barajo! No se la ve de aporriada.
36 El gaucho más
infeliz tenía tropilla de un pelo, no le faltaba un consuelo y
andaba la gente lista… teniendo al campo la vista, sólo vía
hacienda y cielo.
37 Cuando llegaban las
yerras, ¡cosa que daba calor! Tanto gaucho pialador y
tironiador sin yel. ¡Ah, tiempos… pero si en él se ha
visto tanto primor!
38 Aquello no era trabajo,
mas bien era una junción, y después de un güen
tirón en que uno se daba mana, pa darle un trago de cana solía
llamarlo el patrón.
39 Pues vivía la
mamajuana siempre bajo la carreta, y aquel que no era chancleta, en
cuanto el goyete vía, sin miedo se le prendía como
güérfano a la teta.
40 ¡Y qué
jugadas se armaban cuando estábamos riunidos! Siempre íbamos
prevenidos, pues en tales ocasiones a ayudarle a los piones caiban
muchos comedidos.
41 Eran los días del
apuro y alboroto pa el hembraje, pa preparar los potajes y osequiar
bien a la gente, y así, pues, muy grandemente, pasaba siempre
el gauchaje.
42 Vení, a la carne
con cuero, la sabrosa carbonada, mazamorra pien pisada, los pasteles
y el güen vino… pero ha querido el destino que todo aquello
acabara.
43 Estaba el gaucho en su
pago con toda siguridá, pero aura… ¡barbaridá!,
La cosa anda tan fruncida, que gasta el pobre la vida en juir de la
autoridá.
44 Pues si usté pisa
en su rancho y si el alcalde lo sabe, lo caza lo mesmo que ave aunque
su mujer aborte… ¡no hay tiempo que no se acabe ni tiento que
no se corte!.
45 Y al punto dese por
muerto si el alcalde lo bolea, pues ahí nomás se le
apea con una felpa de palos; Y después dicen que es malo el
gaucho si los pelea.
46 Y el lomo le hinchan a
golpes, y le rompen la cabeza, y luego con ligereza, ansí
lastimao y todo, lo amarran codo a codo y pa el cepo lo enderiezan.
47 Áhi comienzan sus
desgracias, áhi principia el pericón, porque ya no hay
salvación, y que usté quiera o no quiera, lo mandan a
la frontera o lo echan a un batallón.
48 Ansí empezaron mis
males lo mesmo que los de tantos; si gustan… en otros cantos les
diré lo que he sufrido, después que uno está…
perdido no lo salvan ni los santos.
49 tuve en mi pago en un
tiempo hijos, hacienda y mujer, pero empecé a padecer, me
echaron a la frontera, ¡y qué iba a hallar al volver!
Tan sólo hallé la tapera.
50 Sosegao vivía en
mi rancho como el pájaro en su nido, allí mis hijos
queridos iban creciendo a mi lao… sólo queda al desgraciao
lamentar el bien perdido.
51 Mi gala en las pulperías
era, en habiendo más gente, ponerme medio caliente, pues
cuando puntiao me encuentro me salen coplas de adentro como agua de
la virtiente.
52 Cantando estaba una vez
en una gran diversión, y aprovecho la ocasión como
quiso el juez de paz… se presentó, y ahi nomás hizo
arriada en montón.
53 Juyeron los más
matreros y lograron escapar: yo no quise disparar, soy manso y no
había porqué, muy tranquilo me quedé y ansí
me dejé agarrar
54 allí un gringo con
un órgano y una mona que bailaba, haciéndonos rair
estaba, cuanto le tocó el arreo, ¡tan grande el gringo y
tan feo, lo viera cómo lloraba!.
55 Hasta un inglés
zanjiador que decía en la última guerra que él
era de incalaperra y que no quería servir, también tuvo
que juir a guarecerse en la sierra.
56 Ni los mirones salvaron
de esa arriada de mi flor, fue acoyarao el cantor con el gringo de la
mona, a uno solo, por favor, logró salvar la patrona.
57 Formaron un contingente
con los que del baile arriaron, con otros nos mesturaron, que habían
agarrao también, las cosas que aquí se ven ni los
diablos las pensaron.
58 A mí el juez me
tomó entre ojos en la ultima votación: me le había
hecho el remolón y no me arrimé ese día, y él
dijo que yo servía a los de la esposición.
59 Y ansí sufrí
ese castigo tal vez por culpas ajenas, que sean malas o sean güenas
las listas, siempre me escondo: yo soy un gaucho redondo y esas cosas
no me enllenan.
60 Al mandarnos nos hicieron
más promesas que a un altar, el juez nos jue a proclamar y nos
dijo muchas veces: muchachos, a los seis meses los van a ir a
relevar.
61 Yo llevé un moro
de número ¡sobresaliente el matucho! Con él gané
en ayacucho más plata que agua bendita: siempre el gaucho
necesita un pingo pa fiarle un pucho.
62 Y cargué sin dar
mas güeltas con las prendas que tenía: jergas, ponchos,
todo cuanto había en casa, tuito lo alcé: a mi china la
dejé medio desnuda ese día.
63 No me falta una guasca,
esa ocasión eché el resto, bozal, maniador, cabresto,
lazo, bolas y manea… ¡el que hoy tan pobre me vea tal vez no
creerá todo esto!.
64 Ansí en mi moro,
escarciando, enderecé a la frontera. ¡Aparcero si usté
viera lo que se llama cantón!… Ni envidia tengo al ratón
en aquella ratonera.
65 De los pobres que allí
había a ninguno lo largaron, los más viejos rezongaron,
pero a uno que se quejó en seguida lo estaquiaron, y la cosa
se acabó.
66 En la lista de la tarde
el jefe nos cantó el punto diciendo: quinientos juntos llevará
el que se resierte; lo haremos pitar del juerte, mas bien dese por
dijunto.
67 A naides le dieron armas,
pues toditas las que había el coronel las tenía, sigún
dijo esa ocasión, pa repartirlas el día en que hubiera
una invasión.
68 Al principio nos dejaron
de haraganes criando sebo, pero después… no me atrevo a
decir lo que pasaba… ¡barajo!… Si nos trataban como se
trata a malevos.
69 Porque todo era jugarle
por los lomos con la espada, y aunque usté no hiciera nada, lo
mesmito que en palermo, le daban cada cepiada que lo dejaban enfermo.
70 ¡Y qué
indios, ni qué servicio; si allí no había ni
cuartel! Nos mandaba el coronel a trabajar en sus chacras, y
dejábamos las vacas que las llevara el infiel.
71 Yo primero sembré
trigo y después hice un corral, corté adobe pa un
tapial, hice un quincho, corté paja… ¡la pucha que se
trabaja sin que le larguen un rial!.
72 Y es lo pior de aquel
enriedo que si uno anda hinchando el lomo se le apean como un plomo…
¡quién aguanta aquel infierno! si eso es servir al
gobierno, a mí no me gusta el cómo.
73 Más de un año
nos tuvieron en esos trabajos duros; y los indios, le asiguro
dentraban cuando querían: como no los perseguían,
siempre andaban sin apuro.
74 A veces decía al
volver del campo la descubierta que estuviéramos alerta, que
andaba adentro la indiada, porque había una rastrillada o
estaba una yegua muerta.
75 Recién entonces
salía la orden de hacer la riunión, y caíbamos
al cantón en pelos y hasta enancaos, sin armas, cuatro pelaos
que íbamos a hacer jabón.
76 Ahi empezaba el afán
-se entiende, de puro vicio- de enseñarle el ejercicio a tanto
gaucho recluta, con un estrutor… ¡qué… Bruta! que
nunca sabía su oficio.
77 Daban entonces las armas
pa defender los cantones, que eran lanzas y latones con ataduras de
tiento… las de juego no las cuento porque no había
municiones.
78 Y un sargento chamuscao
me contó que las tenían pero que ellos la vendían
para cazar avestruces; y así andaban noche y día dele
bala a los ñanduces.
79 Y cuando se iban los
indios con lo que habían manotiao, salíamos muy apuraos
a perseguirlos de atrás; si no se llevaban más es
porque no habían hallao.
80 Allí sí, se
ven desgracias y lágrimas y afliciones; naides le pida
perdones al indio: pues donde dentra, roba y mata cuanto encuentra y
quema las poblaciones.
81 No salvan de su juror ni
los pobres angelitos; viejos, mozos y chiquitos los mata del mesmo
modo: que el indio lo arregla todo con la lanza y con gritos.
82 Tiemblan las carnes al
verlo volando al viento la cerda, la rienda en la mano izquierda y la
lanza en la derecha; ande enderieza abre brecha pues no hay lanzazo
que pierda.
83 Hace trotiadas tremendas
desde el fondo del desierto; ansí llega medio muerto de
hambre, de sé y de fatiga; pero el indio es una hormiga que
día y noche está despierto.
84 Sabe manejar las bolas
como naides las maneja; cuanto el contrario se aleja, manda una bola
perdida, y si lo alcanza, sin vida es siguro que lo deja.
85 Y el indio es como
tortuga de duro para espichar; si lo llega a destripar ni siquiera se
le encoge; luego sus tripas recoge, y se agacha a disparar.
86 Hacían el robo a
su gusto y después se iban de arriba; se llevaban las
cautivas, y nos contaban que a veces les descarnaban los pieses, a
las pobrecitas, vivas.
87 ¡Ah! ¡si
partía el corazón ver tantos males, canejo! los
perseguíamos de lejos sin poder ni galopiar; ¡y qué
habíamos de alcanzar en unos vichocos viejos!
88 Nos volvíamos al
cantón a las dos o tres jornadas, sembrando las caballadas; y
pa que alguno la venda, rejuntábamos la hacienda que habían
dejao rezagada.
89 Una vez entre otras
muchas, tanto salir al botón, nos pegaron un malón los
indios y una lanciada, que la gente acobardada quedó dende esa
ocasión.
90 Habían estao
escondidos aguaitando atrás de un cerro… ¡lo viera a
su amigo Fierro aflojar como un blandito! salieron como maíz
frito en cuanto sonó un cencerro.
91 Al punto nos dispusimos
aunque ellos eran bastantes; la formamos al instante nuestra gente,
que era poca, y golpiándose en la boca hicieron fila adelante.
92 Se vinieron en tropel
haciendo temblar la tierra. no soy manco pa la guerra pero tuve mi
jabón, pues iba en un redomón que había boleao
en la sierra.
93 ¡Qué
vocerío! ¡qué barullo! ¡qué apurar
esa carrera! la indiada todita entera dando alaridos cargó,
¡jue pucha!… Y ya nos sacó como yeguada matrera.
94 ¡Qué fletes
traiban los bárbaros! ¡como una luz de ligeros! hicieron
el entrevero y en aquella mezcolanza, este quiero, éste no
quiero, nos escogían con la lanza.
95 Al que le daban un
chuzazo, dificultoso es que sane. en fin, para no echar panes,
salimos por esas lomas, lo mesmo que las palomas al juir de los
gavilanes.
96 ¡Es de almirar la
destreza con que la lanza manejan! de perseguir nunca dejan, y nos
traiban apretaos. ¡si queríamos, de apuraos, salirnos
por las orejas!
97 Y pa mejor de la fiesta
en esa aflición tan suma, vino un indio echando espuma, y con
la lanza en la mano, gritando: acabáu cristiano, metau el
lanza hasta el pluma.
98 Tendido en el costillar,
cimbrando por sobre el brazo una lanza como un lazo, me atropelló
dando gritos: si me descuido… El maldito me levanta de un lanzazo.
99 Si me atribulo o me
encojo, siguro que no me escapo: siempre he sido medio guapo, pero en
aquella ocasión me hacía buya el corazón como la
garganta al sapo.
100 Dios le perdone al
salvaje las ganas que me tenía… desaté las tres
marías y lo engatusé a cabriolas… ¡pucha…! Si
no traigo bolas me achura el indio ese día.
101 Era el hijo de un
cacique, sigún yo lo averigüé; la verdá del
caso jue que me tuvo apuradazo, hasta que por fin de un bolazo del
caballo lo bajé.
102 Ahi no más me
tiré al suelo y lo pisé en las paletas; empezó a
hacer morisquetas y a mezquinar la garganta… pero yo hice la obra
santa de hacerlo estirar la jeta.
103 Allí quedó
de mojón y en su caballo salté; de la indiada disparé,
pues si me alcanza me mata, y al fin me les escapé, con el
hilo de una pata.
104 seguiré esta
relación, aunque pa chorizo es largo: el que pueda hágase
cargo cómo andaría de matrero, después de salvar
el cuero de aquel trance tan amargo.
105 Del sueldo nada les
cuento, porque andaba disparando; nosotros de cuando en cuando
solíamos ladrar de pobres: nunca llegaban los cobres que se
estaban aguardando.
106 Y andábamos de
mugrientos que el mirarnos daba horror; les juro que era un dolor ver
esos hombres, ¡por cristo! En mi perra vida he visto una
miseria mayor.
107 Yo no tenía ni
camisa ni cosa que se parezca; mis trapos sólo pa yesca me
podían servir al fin… no hay plaga como un fortín
para que el hombre padezca.
108 Poncho, jergas, el
apero, las prenditas, los botones, todo, amigo, en los cantones jue
quedando poco a poco; ya me tenían medio loco la pobreza y los
ratones.
109 Sólo una manta
peluda era cuanto me quedaba la había agenciao a la tabla y
ella me tapaba el bulto; yaguané que allí ganaba no
salía- ni con indulto.
110 Y pa mejor hasta el moro
se me jue de entre las manos; no soy lerdo pero, hermano, vino el
comendante un día diciendo que lo quería pa enseñarle
a comer grano.
111 Afigúrese
cualquiera la suerte de este su amigo, a pie y mostrando el umbligo,
estropiao, pobre y desnudo; ni por castigo se pudo hacerse más
mal conmigo.
112 Ansí pasaron los
meses, y vino el año siguiente, y las cosas igualmente
siguieron del mesmo modo: adrede parece todo pa atormentar a la
gente.
113 No teníamos más
permiso, ni otro alivio la gauchada, que salir de madrugada, cuando
no había indio ninguno, campo ajuera a hacer boliadas
desocando los reyunos.
114 Y cáibamos al
cantón con los fletes aplastaos, pero a veces medio aviaos con
plumas y algunos cueros, que pronto con el pulpero los teníamos
negociaos.
115 Era un amigo del jefe
que con un boliche estaba; yerba y tabaco nos daba por la pluma de
avestruz, y hasta le hacía ver la luz al que un cuero le
llevaba.
116 Sólo tenía
cuatro frascos y unas barricas vacías, y a la gente le vendía
todo cuanto precisaba… algunos creiban que estaba allí la
proveduría.
117 ¡Ah, pulpero
habilidoso! Nada le solía faltar. ¡Ahijuna!, Para tragar
tenía un buche de ñandú; la gente le dio en
llamar el boliche de virtú.
118 Aunque es justo que
quien vende algún poquito muerda, tiraba tanto la cuerda que,
con sus cuatro limetas él cargaba las carretas de plumas,
cueros y cerda.
119 Nos tenía
apuntaos a todos con más cuentas que un rosario, cuando se
anunció un salario que iban a dar, o un socorro; pero sabe
Dios qué zorro se lo comió al comisario;
120 pues nunca lo vi llegar,
y al cabo de muchos días en la mesma pulpería dieron
una güena cuenta, que la gente muy contenta de tan pobre
recibía.
121 Sacaron unos sus
prendas, que las tenían empeñadas; por sus deudas
atrasadas dieron otros el dinero; al fin de fiesta el pulpero se
quedó con la mascada.
122 Yo me arrescosté
a un horcón dando tiempo a que pagaran, y poniendo güena
cara estuve haciéndome el poyo, a esperar que me llamaran para
recibir mi boyo.
123 Pero ahi me puede quedar
pegao pa siempre al horcón, ya era casi la oración y
ninguno me llamaba; la cosa se me ñublaba y me dentró
comezón.
124 Pa sacarme el entripao
vi al mayor, y lo fi a hablar; yo me lo empecé a atracar, y
como con poca gana le dije: tal vez mañana acabarán de
pagar.
125 ¡Que mañana
ni otro día!, Al punto me contestó: la paga ya se
acabó; ¡siempre has de ser animal! Me raí y le
dije: yo… no he recebido ni un rial.
126 Se le pusieron los ojos
que se le querían salir, y ahi no más volvió a
decir comiéndome con la vista: ¿y qué querés
recibir si no has dentrao en la lista?
127 Esto sí que es
amolar, dije yo pa mis adentros; van dos años que me encuentro
y hasta aura he visto ni un grullo; dentro en todos los barullos pero
en las listas no dentro.
128 Vide el pleito mal parao
y no quise aguardar más… es güeno vivir en paz con
quien nos ha de mandar; y reculando pa atrás me le empecé
a retirar.
129 Supo todo el comendante
y me llamó al otro día, diciéndome que quería
aviriguar bien las cosas… que no era el tiempo de rosas, que aura a
naides se debía.
130 Llamó al cabo y
al sargento y empezó la indagación: si había
venido al cantón en tal tiempo o en tal otro… y si había
venido en potro, en reyuno o redomón.
131 Y todo era alborotar al
ñudo, y hacer papel; conocí que era pastel pa engordar
con mi guayaca; mas si voy al coronel me hacen bramar en la estaca.
132 ¡Ah, hijos de
una…! ¡La codicia ojalá les ruempa el saco! Ni un
pedazo de tabaco le dan al pobre soldao, y lo tienen, de delgao, más
ligero que un guanaco.
133 Pero qué iba a
hacerles yo, charabón en el desierto; más bien me daba
por muerto pa no verme más fundido: y me les hacía el
dormido aunque soy medio despierto.
134 Yo andaba desesperao,
aguardando una ocasión que los indios un malón nos
dieran, y entre el estrago hacérmeles cimarrón y
volverme pa mi pago.
135 Aquello no era servicio
ni defender la frontera; aquello era ratonera en que sólo gana
el juerte: era jugar a la suerte con una taba culera.
136 Allí tuito va al
revés; los milicos son los piones, y andan en las poblaciones
emprestaos pa trabajar; los rejuntan pa peliar cuando entran indios
ladrones.
137 Yo he visto en esa
milonga muchos jefes con estancia, y piones en abundancia, y majadas
y rodeos; he visto negocios feos a pesar de mi inorancia.
138 Y colijo que no quieren
la barunda componer; para eso no ha de tener, el jefe que esté
de estable, más que su poncho y su sable, su caballo y su
deber.
139 Ansina, pues, conociendo
que aquel mal no tiene cura, que tal vez mi sepoltura si me quedo iba
a encontrar, pensé mandarme mudar como cosa más sigura.
140 Y pa mejor, una noche
¡qué estaquiada me pegaron! Casi me descoyuntaron por
motivo de una gresca: ¡ahijuna, si me estiraron lo mesmo que
guasca fresca!
141 Jamás me puedo
olvidar lo que esa vez me pasó; dentrando una noche yo al
fortín, un enganchao, que estaba medio mamao, allí me
desconoció.
142 Era un gringo tan bozal,
que nada se le entendía, ¡quién sabe de ande
sería! Tal vez no juera cristiano, pues lo único que
decía es que era papolitano.
143 Estaba de centinela y
por causa del peludo verme más claro no pudo, y esa jue la
culpa toda: el bruto se asustó al ñudo y fi el pavo de
la boda.
144 Cuando me vido acercar:
quién vivore-? Preguntó; ¿qué víboras?,
Dije yo. ¡Ha garto!, Me pegó el grito, y yo dije
despacito: ¡más lagarto serás vos!
145 Ahi no más,
¡cristo me valga!, Rastrillar el jusil siento: me agaché,
y en el momento el bruto me largó un chumbo; mamao, me tiró
sin rumbo, que si no, no cuento el cuento.
146 Por de contao, con el
tiro se alborotó el avispero; los oficiales salieron y se
empezó la junción; quedó en su puesto el nación,
y yo fi al estaquiadero.
147 Entre cuatro bayonetas
me tendieron en el suelo; vino el mayor medio en pedo y allí
se puso a gritar: ¡pícaro, te he de enseñar andar
reclamando sueldos!
148 De las manos y las patas
me ataron cuatro cinchones; les aguanté los tirones sin que ni
un ¡ay! Se me oyera, y al gringo la noche entera lo harté
con mis maldiciones.
149 Yo no sé porqué
el gobierno nos manda aquí a la frontera gringada que ni
siquiera se sabe atracar a un pingo. ¡Si creerá al
mandar un gringo que nos manda alguna fiera!
150 No hacen más que
dar trabajo, pues no saben ni ensillar; no sirven ni pa carniar: y yo
he visto muchas veces que ni voltiadas las reses se les querían
arrimar.
151 Y lo pasan sus mercedes
lengüetiando pico a pico hasta que viene un milico a servirles
al asao- y eso sí, en lo delicaos, parecen hijos de rico.
152 Si hay calor, ya no son
gente; si yela, todos tiritan; si usté no les da, no pitan por
no gastar en tabaco, y cuando pescan un naco uno al otro se lo
quitan.
153 Cuando llueve se
acoquinan como perro que oye truenos. ¡Que diablos!, Sólo
son güenos pa vivir entre maricas, y nunca se andan con chicas
para alzar ponchos ajenos.
154 Pa vichar son como
ciegos; no hay ejemplo de que entiendan, ni hay uno solo que
aprienda, al ver un bulto que cruza, a saber si es avestruza, o si es
jinete, o hacienda.
155 Si salen a perseguir
después de mucho aparato, tuitos se pelan al rato y va
quedando el tendal: esto es como en un nidal echarle güevos a un
gato.
156 vamos dentrando recién
a la parte mas sentida, aunque es todita mi vida de males una cadena:
a cada alma dolorida le gusta cantar sus penas.
157 Se empezó en
aquel entonces a rejuntar caballada, y riunir la milicada teniéndola
en el cantón, para una despedición a sorprender a la
indiada.
158 Nos anunciaban que
iríamos sin carretas ni bagajes a golpiar a los salvajes en
sus mesmas tolderías; que a la güelta pagarían
licenciándolo al gauchaje;
159 que en esta despedición
tuviéramos la esperanza; que iba a venir sin tardanza, según
el jefe contó, un menistro o qué sé yo- que le
llamaban don ganza;
160 que iba a riunir el
ejército y tuitos los batallones, y que traiba unos cañones
con más rayas que un cotín; ¡pucha!- Las
conversaciones por allá no tenían fin.
161 Pero esas trampas no
enriedan a los zorros de mi laya; que esa ganza venga o vaya, poco le
importa a un matrero. Yo también dejé las rayas- en los
libros del pulpero.
162 Nunca juí gaucho
dormido; siempre pronto, siempre listo, yo soy un hombre, ¡qué
cristo!, Que nada me ha acobardao, y siempre salí parao en los
trances que me he visto.
163 Dende chiquito gané
la vida con mi trabajo, y aunque siempre estuve abajo y no sé
lo que es subir también el mucho sufrir suele cansarnos,
¡barajo!
164 En medio de mi inorancia
conozco que nada valgo: soy la liebre o soy el galgo asigún
los tiempos andan; pero también los que mandan debieran
cuidarnos algo.
165 Una noche que riunidos
estaban en la carpeta empinando una limeta el jefe y el juez de paz,
yo no quise aguardar más, y me hice humo en un sotreta.
166 Me parece el campo
orégano dende que libre me veo; donde me lleva el deseo allí
mis pasos dirijo, y hasta en las sombras de fijo que donde quiera
rumbeo.
167 Entro y salgo del
peligro sin que me espante el estrago, no aflojo al primer amago ni
jamás fi gaucho lerdo: soy pa rumbiar como el cerdo, y pronto
caí a mi pago.
168 Volvía al cabo de
tres años de tanto sufrir al ñudo resertor, pobre y
desnudo, a procurar suerte nueva; y lo mesmo que el peludo enderecé
pa mi cueva.
169 No hallé ni
rastro del rancho: ¡sólo estaba la tapera! ¡Por
cristo si aquello era pa enlutar el corazón! ¡Yo juré
en esa ocasión ser mas malo que una fiera!
170 ¡Quién no
sentirá lo mesmo cuando ansí padece tanto! Puedo
asigurar que el llanto como una mujer largué: ¡ay, mi
Dios: si me quedé más triste que jueves santo!
171 Sólo se oíban
los aullidos de un gato que se salvó; el pobre se guareció
cerca, en una vizcachera: venía como si supiera que estaba de
güelta yo.
172 Al dirme dejé la
hacienda que era todito mi haber; pronto debíamos volver,
sigún el juez prometía, y hasta entonces cuidaría
de los bienes, la mujer.
173 Después me contó
un vecino que el campo se lo pidieron; la hacienda se la vendieron pa
pagar arrendamientos, y qué sé yo cuantos cuentos; pero
todo lo fundieron,
174 los pobrecitos
muchachos, entre tantas afliciones, se conchabaron de piones; ¡mas
qué iban a trabajar, si eran como los pichones sin acabar de
emplumar!
175 Por ahi andarán
sufriendo de nuestra suerte el rigor: me han contao que el mayor
nunca dejaba a su hermano; puede ser que algún cristiano los
recoja por favor.
176 ¡Y la pobre mi
mujer, Dios sabe cuánto sufrió! Me dicen que se voló
con no sé qué gavilán: sin duda a buscar el pan
que no podía darle yo.
177 No es raro que a uno le
falte lo que a algún otro le sobre si no le quedó ni un
cobre sino de hijos un enjambre. Que más iba a hacer la pobre
para no morirse de hambre?
178 ¡Tal vez no te
vuelva a ver, prienda de mi corazón! Dios te dé su
proteción ya que no me la dio a mí, y a mis hijos dende
aquí les echo mi bendición.
179 Como hijitos de la cuna
andarán por ahi sin madre; ya se quedaron sin padre, y ansí
la suerte los deja sin naides que los proteja y sin perro que les
ladre.
180 Los pobrecitos tal vez
no tengan ande abrigarse, ni ramada ande ganarse, ni rincón
ande meterse, ni camisa que ponerse, ni poncho con que taparse.
181 Tal vez los verán
sufrir sin tenerles compasión; puede que alguna ocasión,
aunque los vean tiritando, los echen de algún jogón pa
que no estén estorbando.
182 Y al verse ansina
espantaos como se espanta a los perros, irán los hijos de
Fierro, con la cola entre las piernas, a buscar almas más
tiernas o esconderse en algún cerro.
183 Mas también en
este juego voy a pedir mi bolada; a naides le debo nada, ni pido
cuartel ni doy: y ninguno dende hoy ha de llevarme en la armada.
184 Yo he sido manso
primero, y seré gaucho matrero; en mi triste circunstancia,
aunque es mi mal tan projundo, nací y me he criado en
estancia. Pero ya conozco el mundo.
185 Ya les conozco sus
mañas, le conozco sus cucañas; sé como hacen la
partida, la enriedan y la manejan; deshaceré la madeja aunque
me cueste la vida.
186 Y aguante el que no se
anime a meterse en tanto engorro o si no aprétese el gorro y
para otra tierra emigre; pero yo ando como el tigre que le roban los
cachorros.
187 Aunque muchos creen que
el gaucho tiene alma de reyuno, no se encontrará a ninguno que
no le dueblen las penas; mas no debe aflojar uno mientras hay sangre
en las venas
188 De carta de más
me vía sin saber a donde dirme; mas dijeron que era vago y
entraron a perseguirme.
189 Nunca se achican los
males, van poco a poco creciendo, y ansina me vide pronto obligado a
andar juyendo.
190 No tenía mujer ni
rancho y a más, era resertor; no tenía una prenda güena
ni un peso en el tirador
191 a mis hijos infelices
pensé volverlos a hallar, y andaba de un lao al otro sin tener
ni qué pitar.
192 Supe una vez por
desgracia que había un baile por allí, y medio
desesperao a ver la milonga fui.
194 Como nunca, en la
ocasión por peliar me dio la tranca. Y la emprendí con
un negro que trujo una negra en ancas.
195 Al ver llegar la morena,
que no hacía caso de naides, le dije con la mamúa:
va-ca-yendo gente al baile.
196 La negra entendió
la cosa y no tardó en contestarme, mirándome como a un
perro: más vaca será su madre.
197 Y dentró al baile
muy tiesa con más cola que una zorra, haciendo blanquiar los
dientes lo mesmo que mazamorra.
199 a los blancos hizo Dios,
a los mulatos san pedro, a los negros hizo el diablo para tizón
del infierno.
200 Había estao
juntando rabia el moreno dende ajuera; en lo escuro le brillaban los
ojos como linterna.
201 Lo conocí
retobao, me acerqué y le dije presto: po-r-rudo que un hombre
sea nunca se enoja por esto.
202 Corcovió el de
los tamangos y creyéndose muy fijo: ¡más porrudo
serás vos, gaucho rotoso!, Me dijo.
203 Y ya se me vino al humo
como a buscarme la hebra, y un golpe le acomodé con el porrón
de ginebra.
204 Ahi nomás pegó
el de hollín mas gruñidos que un chanchito, y pelando
el envenao me atropelló dando gritos.
205 Pegué un brinco y
abrí cancha diciéndoles: caballeros, dejen venir ese
toro. Solo nací- solo muero.
206 El negro, después
del golpe, se había el poncho refalao y dijo: vas a saber si
es solo o acompañado.
207 Y mientras se arremangó,
yo me saqué las espuelas, pues malicié que aquel tío
no era de arriar con las riendas.
208 No hay cosa como el
peligro pa refrescar un mamao; hasta la vista se aclara por mucho que
haiga chupao.
210 Yo tenía un facón
con s, que era de lima de acero; le hice un tiro, lo quitó y
vino ciego el moreno;
211 y en el medio de las
aspas un planazo le asenté, que lo largué culebriando
lo mesmo que buscapié.
212 Le coloriaron las motas
con la sangre de la herida, y volvió a venir jurioso como una
tigra parida.
213 Y ya me hizo relumbrar
por los ojos el cuchillo, alcanzando con la punta a cortarme en un
carrillo.
214 Me hirvió la
sangre en las venas y me le afirmé al moreno, dándole
de punta y hacha pa dejar un diablo menos.
215 Por fin en una topada en
el cuchillo lo alcé, y como un saco de güesos contra un
cerco lo largué.
216 Tiró unas cuantas
patadas y ya cantó pal carnero: nunca me puedo olvidar de la
agonía de aquel negro.
217 En esto la negra vino
con los ojos como ají y empezó la pobre allí a
bramar como una loba. Yo quise darle una soba a ver si la hacía
callar, mas pude reflesionar que era malo en aquel punto, y por
respeto al dijunto no la quise castigar.
218 Limpié el facón
en los pastos, desaté mi redomón, monté despacio
y salí al tranco pa el cañadón.
219 Después supe que
al finao ni siquiera lo velaron, y retobao en un cuero, sin rezarle
lo enterraron.
220 Y dicen que dende
entonces, cuando es la noche serena suele verse una luz mala como de
alma que anda en pena.
221 Yo tengo intención
a veces, para que no pene tanto, de sacar de allí los güesos
y echarlos al camposanto.
222 otra vez en un boliche
estaba haciendo la tarde; cayó un gaucho que hacia alarde de
guapo y peliador; a la llegada metió el pingo hasta la ramada,
y yo sin decirle nada me quedé en el mostrador.
223 Era un terne de aquel
pago que naides lo reprendía, que sus enriedos tenía
con el señor comendante; y como era protegido, andaba muy
entonao, y a cualquier desgraciao lo llevaba por delante.
224 ¡Ah pobre! Si él
mismo creiba que la vida le sobraba; ninguno diría que andaba
aguaitándolo la muerte. Pero ansí pasa en el mundo, es
ansí la triste vida: pa todos está escondida la güena
o la mala suerte.
225 Se tiró al suelo;
al dentrar le dio un empellón a un vasco, y me alargó
un medio frasco diciendo: beba cuñao. Por su hermana,
contesté. Que por la mía no hay cuidao.
226 ¡Ah, gaucho!, Me
respondió; ¿de que pago será crioyo? ¿Lo
andará buscando el hoyo? Deberá tener güen cuero;
pero ande bala este toro no bala ningún ternero.
227 Y ya salimos trenzaos
porque el hombre no era lerdo, mas como el tino no pierdo, y soy
medio ligerón, le dejé mostrando el sebo de un revés
con el facón.
228 Y como con la justicia
no andaba bien por allí, cuanto pataliar lo vi, y el pulpero
pegó el grito, ya pa el palenque salí como haciéndome
chiquito.
229 Monté y me
encomendé a Dios, rumbiando para otro pago, que el gaucho que
llaman vago no puede tener querencia, y ansí de estrago en
estrago vive llorando la ausencia.
230 éL andaba siempre
juyendo, siempre pobre y perseguido, no tiene cueva ni nido como si
juera maldito; porque el ser gaucho- ¡barajo!, El ser gaucho es
un delito.
231 Es como el patrio de
posta; lo larga éste, aquél lo toma, nunca se acaba la
broma; dende chico se parece al arbolito que crece desamparao en la
loma.
232 Le echan la agua del
bautismo aquél que nació en la selva; busca madre que
te envuelva, le dice el fraire y lo larga. Y dentra a cruzar el mundo
como burro con la carga.
233 Y se cría
viviendo al viento como oveja sin trasquila; mientras su padre en las
filas anda sirviendo al gobierno, aunque tirite en invierno, naides
lo ampara ni asila.
234 Le llaman gaucho mamao
si lo pillan divertido, y que es mal entretenido si en un baile lo
sorprienden; hace mal si se defiende y si no, se ve- fundido.
235 No tiene hijos ni mujer,
ni amigos ni protetores, pues todos son sus señores sin que
ninguno lo ampare: tiene la suerte del güey, y ¿donde irá
el güey que no are?
236 Su casa es el pajonal,
su guarida es el desierto; y si de hambre medio muerto le echa el
lazo a algún mamón, lo persiguen como a plaito, porque
es un gaucho ladrón.
237 Y si de un golpe por ahi
lo dan güelta panza arriba, no hay un alma compasiva que le rece
una oración; tal vez como cimarrón en una cueva lo
tiran.
238 Él nada gana en
la paz y es el primero en la guerra; no le perdonan si yerra, que no
saben perdonar, porque el gaucho en esta tierra sólo sirve pa
votar.
239 Para el son los
calabozos, para el las duras prisiones, en su boca no hay razones
aunque la razón le sobre; que son campanas de palo las razones
de los pobres.
240 Si uno aguanta, es
gaucho bruto; si no aguanta es gaucho malo. ¡Dele azote, dele
palo, porque es lo que él necesita! De todo el que nació
gaucho ésta es la suerte maldita.
241 Vamos suerte, vamos
juntos dende que juntos nacimos; y ya que juntos vivimos sin podernos
dividir- yo abriré con mi cuchillo el camino pa seguir
242 matreriando lo pasaba ya
a las casas no venía; solía arrimarme de día,
mas, lo mesmos que el carancho, siempre estaba sobre el rancho
espiando a la polecía.
243 Viva el gaucho que ande
mal, como zorro perseguido, hasta que al menor descuido se lo
atarasquen los perros, pues nunca le falta un yerro al hombre más
alvertido.
244 Y en esa hora de la
tarde en que tuito se adormece, que el mundo dentrar parece a vivir
en pura calma, con las tristezas del alma al pajonal enderiece.
245 Bala el tierno corderito
al lao de la blanca oveja, y a la vaca que se aleja llama el ternero
amarrao; pero el gaucho desgraciao no tiene a quien dar su oveja.
246 Ansí es que al
venir la noche iba a buscar mi guarida, pues ande el tigre se anida
también el hombre lo pasa, y no quería que en las casas
me rodiara la partida.
247 Pues aun cuando vengan
ellos cumpliendo con su deberes, yo tengo otros pareceres, y en esa
conduta vivo: que no debe un gaucho altivo peliar entre las mujeres.
248 Y al campo me iba
solito, más matrero que el venao, como perro abandonao a
buscar una tapera, o en alguna vizcachera pasar la noche tirao.
249 Sin punto ni rumbo fijo
en aquella inmensidá, entre tanta escuridá anda el
gaucho como duende; allí jamás lo sorpriende dormido,
la autoridá.
250 Su esperanza es el
coraje, su guardia es la precaución, su pingo es la salvación,
y pasa uno en su desvelo, sin más amparo que el cielo ni otro
amigo que el facón.
251 Ansí me hallaba
una noche contemplando las estrellas, que le parecen más
bellas cuanto uno es más desgraciao, y que Dios las haiga
criao para consolarse en ellas.
252 Les tiene el hombre
cariño y siempre con alegría ve salir las tres marías;
que si llueve, cuanto escampa, las estrellas son la guía que
el gaucho tiene en la pampa.
253 Aquí no valen
dotores, sólo vale la esperiencia; aquí verían
su inocencia ésos que todo lo saben, porque esto tiene otra
llave y el gaucho tiene su cencia.
254 Es triste en medio del
campo pasarse noches enteras contemplando en sus carreras las
estrellas que Dios cría, sin tener más compañía
que su delito y las fieras.
255 Me encontraba como digo,
en aquella soledá, entre tanta escuridá, echando al
viento mis quejas, cuando el grito del chajá me hizo parar las
orejas.
256 Como lumbriz me pegué
al suelo para escuchar; pronto sentí retumbar las pisadas de
los fletes, y que eran muchos jinetes conocí sin vacilar.
257 Cuando el hombre está
en peligro no debe tener confianza; ansí tendido de panza puse
toda mi atención y ya escuché sin tardanza como el
ruido de un latón.
258 Se venían tan
calladitos que yo me puse en cuidao; tal vez me hubieran bombiao y ya
me venían a buscar; mas no quise disparar, que eso es de
gaucho morao.
259 Al punto me santigüé
y eché de giñebra un taco; lo mesmito que el mataco me
arroyé con el porrón; si han de darme pa tabaco, dije,
ésta es güena ocasión.
260 Me refalé las
espuelas, para no peliar con grillos; me arremangué el
calzoncillo, y me ajusté bien la faja, y en una mata de paja
probé el filo del cuchillo.
261 Para tenerlo a la mano
el flete en el pasto até, la cincha le acomodé, y, en
un trance como aquél, haciendo espaldas en él quietito
los aguardé.
262 Cuando cerca los sentí,
y que ahi no más se pararon, los pelos se me erizaron y,
aunque nada vían mis ojos, no se han de morir de antojo, les
dije, cuando llegaron.
263 Yo quise hacerles saber
que allí se hallaba un varón; les conocí la
intención y solamente por eso es que les gané el tirón,
sin aguardar voz de preso.
264 Vos sos un gaucho
matrero, dijo uno, haciéndose el güeno. Vos mataste un
moreno y otro en una pulpería, y aquí está la
polecía que viene a ajustar tus cuentas; te va alzar por las
cuarenta si te resistís hoy día.
265 No me vengan, contesté,
con relación de dijuntos; ésos son otros asuntos; vean
si me pueden llevar, que yo no me he de entregar, aunque vengan todos
juntos.
266 Pero no aguardaron más
y se apiaron en montón; como a perro cimarrón me
rodiaron entre tantos; ya me encomendé a los santos, y eché
mano a mi facón.
267 Y ya vide el fogonazo de
un tiro de garabina, mas quiso la suerte indina de aquel maula, que
me errase, y ahi no más lo levantase lo mesmo que una sardina.
268 A otro que estaba apurao
acomodando una bola, le hice una dentrada sola y le hice sentir el
Fierro, y ya salió como el perro cuando le pisan la cola.
269 Era tanta la aflición
y la angurria que venían, que tuitos se me venían,
donde yo los esperaba; uno al otro se estorbaba y con las ganas no
vían.
270 Dos de ellos que traiban
sables más garifos y resueltos, en las hilachas envueltos
enfrente se me pararon, y a un tiempo me atropellaron lo mesmo que
perros sueltos.
271 Me fui reculando en
falso y el poncho adelante eché, y en cuanto le puso el pie
uno medio chapetón, de pronto le di un tirón y de
espaldas lo largué
272 al verse sin compañero
el otro se sofrenó; entonces le dentré yo, sin dejarlo
resollar, pero ya empezó a aflojar y a la pu-n-ta disparó.
273 Uno que en una tacuara
había atao una tijera, se vino como si juera palenque de atar
terneros, pero en dos tiros certeros salió aullando campo
ajuera.
274 Por suerte en aquel
momento venía coloriando el alba y yo dije: si me salva la
virgen en este apuro, en adelante le juro ser más güeno
que una malva.
275 Pegué un brinco y
entre todos sin miedo me entreveré; hecho ovillo me quedé
y ya me cargó una yunta, y por el suelo la punta de mi facón
les jugué.
276 El más
engolosinao se me apió con un hachazo; se lo quité con
el brazo; de no, me mata los piojos; y antes de que diera un paso le
eché tierra en los dos ojos.
277 Y mientras se sacudía
refregándose la vista, yo me le fui como lista y ahi no más
me le afirmé, diciéndole: Dios te asista, y de un revés
lo voltié.
278 Pero en ese punto mesmo
sentí que por las costillas un sable me hacía
cosquillas y la sangre me heló; dende ese momento yo me salí
de mis casillas.
279 Di para atrás
unos pasos hasta que pude hacer pie; por delante me lo eché de
punta y tajos a un criollo; metió la pata en un hoyo, y yo al
hoyo lo mandé.
280 Tal vez en el corazón
le tocó un santo bendito a un gaucho, que pegó el grito
y dijo: ¡Cruz no consiente que se cometa el delito de matar a
un valiente!
281 Y ahi no más se
me aparió, dentrándole a la partida; yo les hice otra
embestida pues entre dos era robo; y el Cruz era como lobo que
defiende su guarida.
282 Uno despachó al
infierno de dos que lo atropellaron; los demás remoliniaron,
pues íbamos a la fija, y a poco andar dispararon lo mesmo que
sabandija.
283 Ahí quedaron
largo a largo los que estiaron la jeta; otro iba como maleta, y Cruz
de atrás les decía: que venga otra polecía a
llevarlos en carreta.
284 Yo junté las
osamentas, me hinqué y les recé un bendito, hice una
cruz de un palito y pedí a mi Dios clemente me perdonara el
delito de haber muerto tanta gente.
285 Dejamos amotonaos a los
pobres que murieron; no sé si los recogieron, porque nos
fuimos a un rancho, o si tal vez los caranchos ahi no más se
los comieron.
286 Lo agarramos mano a mano
entre los dos al porrón: en semejante ocasión un trago
a cualquiera encanta; y Cruz no era remolón ni pijotiaba
garganta.
287 Calentamos los gargueros
y nos largamos muy tiesos, siguiendo siempre los besos al pichel, y
por mas señas, íbamos como cigüeñas
estirando los pescuezos.
288 Yo me voy, le dije,
amigo, donde la suerte me lleve, y si es que alguno se atreve, a
ponerse en mi camino, yo seguiré mi destino, que el hombre
hace lo que debe.
289 Soy un gaucho
desgraciao, no tengo donde ampararme, ni un palo donde rascarme, ni
un árbol que me cubije: pero ni aun esto me aflige porque yo
sé manejarme.
290 Antes de cair al
servicio, tenia familia y hacienda; cuando volví, ni la prenda
me la habían dejao ya. Dios sabe en lo que vendrá a
parar esta contienda.
291 amigazo, pa sufrir han
nacido los varones; estas son las ocasiones de mostrarse un hombre
juerte, hasta que venga la muerte y lo agarre a coscorrones.
292 El andar tan despilchao
ningún mérito me quita; sin ser un alma bendita me
duelo del mal ajeno: soy un pastel con relleno que parece torta
frita.
293 Tampoco me faltan males
y desgracias, le prevengo; también mis desdichas tengo, aunque
esto poco me aflige: yo sé hacerme el chango rengo cuando la
cosa lo esige.
294 Y con algunos ardiles
voy viviendo, aunque rotoso; a veces me hago el sarnoso y no tengo ni
un granito, pero al chifle voy ganoso como panzón al maíz
frito.
295 A mí no me matan
penas mientras tenga el cuero sano; venga el sol en el verano y la
escarcha en el invierno ¿por qué afligirse el
cristiano?
296 Hagámosle cara
fiera a los males, compañero, porque el zorro más
matrero suele cair como un chorlito; viene por un corderito y en la
estaca deja el cuero.
297 Hoy tenemos que sufrir
males que no tienen nombre, pero esto a nadies lo asombre porque
ansina es el pastel, y tiene que dar el hombre mas güeltas que
un carretel.
298 Yo nunca me he de
entregar a los brazos de la muerte; arrastro mi triste suerte paso a
paso y como pueda, que donde el débil se queda se suele
escapar el juerte.
299 Y ricuerde cada cual lo
que cada cual sufrió, que lo que es, amigo, yo, hago ansí
la cuenta mía: ya lo pasado pasó; mañana será
otro día.
300 Yo también tuve
una pilcha que me enllenó el corazón, y si en aquella
ocasión alguien me hubiera buscao, siguro que me había
hallao más prendido que un botón.
301 En la güeya del
querer no hay animal que se pierda- las mujeres no son lerdas, y todo
gaucho es dotor si pa cantarle al amor tiene que templar las cuerdas.
302 ¡Quién es
de una alma tan dura que no quiera una mujer! Lo alivia en su
padecer: si no sale calavera es la mejor compañera que el
hombre puede tener.
303 Si es güena, no lo
abandona cuando lo ve desgraciao, lo asiste con su cuidao, y con afán
cariñoso, y usté tal vez ni un rebozo ni una pollera le
ha dao.
304 ¡Grandemente lo
pasaba con aquella prenda mía, viviendo con alegría
como la mosca en la miel! ¡Amigo, qué tiempo aquel! ¡La
pucha, que la quería!
305 Era la águila que
a un árbol dende las nubes bajó; era más linda
que el alba cuando va rayando el sol; era la flor deliciosa que entre
el trebolar creció.
306 Pero, amigo, el
comendante que mandaba la milicia, como que no desperdicia se fue
refalando a casa; yo le conocí en la traza que el hombre
traiba malicia.
307 Él me daba voz de
amigo, pero no le tenía fe; era el jefe, y ya se ve, no podía
competir yo; en mi rancho se pegó lo mesmo que un saguaipé.
308 A poco andar, conocí
que ya me había desbancao, y él siempre muy entonao,
aunque sin darme ni un cobre, me tenía de lao a lao como
encomienda de pobre.
309 A cada rato, de chasque
me hacía dir a gran distancia; ya me mandaba a una estancia,
ya al pueblo, ya a la frontera; pero él en la comendancia no
ponía los pies siquiera.
310 Es triste a no poder más
el hombre en su padecer, si no tiene una mujer que lo ampare y lo
consuele: mas pa que otro se la pele lo mejor es no tener.
311 No me gusta que otro
gallo le cacaree a mi gallina; yo andaba ya con la espina, hasta que
en una ocasión lo pille junto al jogón abrazándome
a la china.
312 Tenía el viejito
una cara de ternero mal lamido, y al verle tan atrevido le dije: ¡que
le aproveche!- Que había sido pa el amor como gaucho pa la
leche.
313 Peló la espalda y
se vino como a quererme ensartar, pero yo sin tutubiar le volví
al punto a decir: ¡cuidado!, No te vas a per-tigo; poné
cuarta pa salir.
314 Un puntazo me largó,
pero el cuerpo le saqué, y en cuanto se lo quité, para
no matar un viejo, con cuidado, medio de lejos un palazo le asenté.
315 Y como nunca al que
manda le falta algún adulón, uno que en esa ocasión
se encontraba allí presente, vino apretando los dientes como
perrito mamón.
316 Me hizo un tiro de
revuélver que el hombre creyó siguro; era confiado y le
juro que cerquita se arrimaba, pero, siempre en un apuro se
desentumen mis tabas.
317 Él me siguió
menudiando mas sin poderme acertar, y yo, dele culebriar, hasta que
al fin le dentré y ahi no más lo despaché sin
dejarlo resollar.
318 Dentré a campiar
en seguida al viejito enamorao- el pobre se había ganao en un
noque de lejía. ¡Quién sabe cómo estaría
del susto que había llevao!
319 ¡Es zonzo el
cristiano macho cuando el amor lo domina! Él la miraba a la
indina, y una cosa tan jedionda sentí yo, que ni en la fonda
he visto tal jedentina
320 Y le dije: pa su agüela
han de ser esas perdices. Yo me tapé las narices, y me salí
esternudando, y el viejo quedó olfatiando como chico con
lumbrices.
321 Cuando la mula recula,
señal que quiere cociar, ansí se suele portar aunque
ella lo disimula; recula como la mula la mujer, para olvidar.
322 Alcé mis ponchos
y mis prendas y me largué a padecer por culpa de una mujer que
quiso engañar a dos; al rancho le dije adiós, para
nunca más volver.
323 Las mujeres, dende
entonces, conocí a todas en una; ya no he de probar fortuna
con carta tan conocida: mujer y perra parida, ¡no se me acerca
ninguna!.
324 a otros les brotan las
coplas como agua de manantial; pues a mí me pasa igual; aunque
las mías nada valen, de la boca se me salen como ovejas de
corral.
325 Que en puertiando la
primera, ya la siguen los demás, y en montones las de atrás
contra los palos se estrellan, y saltan y se atropellan sin que se
corten jamás.
326 Y aunque yo por mi
inorancia con gran trabajo me esplico, cuando llego a abrir el pico,
tengaló por cosa cierta, sale un verso y en la puerta ya asoma
el otro el hocico.
327 Y emprésteme su
atención; me oirá relatar las penas de que traigo la
alma llena; porque en toda circustancia, paga el gaucho su inorancia
con la sangre de sus venas.
328 Después de
aquella desgracia me refugié en los pajales; anduve entre los
cardales como bicho sin guarida; pero, amigo, es esa vida como vida
de animales.
329 Y son tantas las
miserias en que me he salido ver, que con tanto padecer y sufrir
tanta aflición, malicio que he de tener un callo en el
corazón.
330 Ansí andaba como
guacho cuando pasa el temporal; supe una vez por mi mal de una
milonga que había, y ya pa la pulpería enderecé
mi bagual.
331 Era la casa del baile un
rancho de mala muerte, y se enllenó de tal suerte que
andábamos a empujones: nunca faltan encontrones cuando un
pobre se divierte.
332 Yo tenía unas
medias botas con tamaños verdugones; me pusieron los talones
con crestas como gallos: ¡si viera mis afliciones pensando yo
que eran callos!
333 Con gato y con
fandanguillo había empezado el changango, y para ver el
fandango me colé haciendomé bola, mas metió el
diablo la cola, y todo se volvió pango.
334 Había sido el
guitarrero un gaucho duro de boca: yo tengo paciencia poca pa
aguantar cuando no debo; a ninguno me le atrevo, pero me halla el que
me toca. 335 A bailar un pericón con una moza salí, y
cuanto me vido allí sin duda me conoció; y estas
coplitas cantó como por raírse de mí:
336 las mujeres son todas
como las mulas; yo no digo que todas, pero hay algunas que a las aves
que vuelan les sacan plumas.
337 Hay gauchos que presumen
de tener damas; no digo que presumen, pero se alaban, y a lo mejor
los dejan tocando tablas.
338 Se secretiaron las
hembras, y yo ya me encocoré; volié la anca y le grité:
¡dejá de cantar- chicharra! Y de un tajo a la guitarra
tuitas las cuerdas corté.
339 Al punto salió de
adentro un gringo con un jusil; pero nunca he sido vil, poco el
peligro me espanta; yo me refalé la manta y la eché
sobre el candil.
340 Gané en seguida
la puerta gritando: ¡nadies me ataje! Y alborotado el hembraje,
lo que todo quedo escuro, empezó a verse en apuro mesturao con
el gauchaje.
341 El primero que salió
fue el cantor, y se me vino; pero yo no pierdo el tino aunque haiga
tomao un trago, y hay algunos por mi pago que me tienen por ladino.
342 No ha de haber achocao
otro: le salió cara la broma; a su amigo cuando toma se le
despeja el sentido, y el pobrecito había sido como carne de
paloma.
343 Para prestar un socorro
las mujeres no son lerdas: antes que la sangre pierda lo arrimaron a
unas pipas; ahi lo dejé con las tripas como pa que hiciera
cuerdas.
344 Monté y me largué
a los campos más libre que el pensamiento, como las nubes al
viento a vivir sin paradero, que no tiene el que es matrero nido, ni
rancho, ni asiento.
345 No hay juerza contra el
destino que le ha señalao el cielo, y aunque no tenga
consuelo, ¡aguante el que está en trabajo! ¡Nadies
se rasca pa abajo, ni se lonjea contra el pelo!
346 Con el gaucho desgraciao
no hay uno que no se entone ¡la menor falta lo espone a andar
con los avestruces faltan otros con más luces y siempre hay
quien los perdone.
347 Yo no sé qué
tantos meses esta vida me duró; a veces nos obligó la
miseria a comer potro: me había acompañao con otros tan
desgraciaos como yo
348 Mas ¿para qué
platicar sobre esos males, canejos? Nace el gaucho y se hace viejo,
sin que mejore su suerte, hasta que por ahi la muerte sale a cobrarle
el pellejo.
349 Pero como no hay
desgracia que no acabe alguna vez, me aconteció que después
de sufrir tanto rigor, un amigo, por favor, me compuso con el juez.
350 Le alvertiré que
en mi pago ya no va quedando un criollo: se los ha tragao el hoyo, o
juido o muerto en la guerra; porque, amigo, en esta tierra nunca se
acaba el embrollo.
351 Colijo que jué
por eso que me llamó el juez un día, y me dijo que
quería hacerme a su lao venir, y que dentrase a servir de
soldao de polecía.
352 Y me largó una
proclama tratándome de valiente; que yo era un hombre decente,
y que dende aquel momento me nombraba de sargento pa que mandara la
gente.
353 Ansí estuve en la
partida, pero ¿qué había de mandar? Anoche al
irlo a tomar vide güena coyontura, y a mí no me gusta
andar con la lata a la cintura.
354 Ya conoce, pues, quién
soy; tenga confianza conmigo: Cruz le dio mano de amigo, y no lo ha
de abandonar; juntos podemos buscar pa los dos un mesmo abrigo.
355 Andaremos de matreros si
es preciso pa salvar; nunca nos ha de faltar ni un güen pingo pa
juir, ni un pajal ande dormir, ni un matambre que ensartar.
356 Y cuando sin trapo
alguno nos haiga el tiempo dejao, yo le pediré emprestao el
cuero a cualquiera lobo, y hago un poncho, si lo sobo, mejor que
poncho engomao.
357 Para mí la cola
es pecho y el espinazo es cadera hago mi nido ande quiera y de lo que
encuentro como; me echo tierra sobre el lomo y me apeo en cualquier
tranquera.
358 Y dejo rodar la bola,
que algún día se ha de parar- tiene el gaucho que
aguantar hasta que lo trague el hoyo, o hasta que venga algún
criollo en esta tierra a mandar.
362 Todos se güelven
proyetos de colonias y carriles, y tirar la plata a miles en los
gringos enganchaos, mientras al pobre soldao le pelan la cucha- ¡ah,
viles!
363 Pero si siguen las cosas
como van hasta el presente, puede ser que redepente veamos el campo
disierto, y blanquiando solamente los güesos de los que han
muerto.
359 Lo miran al pobre gaucho
como carne de cogote: lo tratan al estricote y si ansí las
cosas andan, porque quieren los que mandan, aguantemos los azotes.
360 ¡Pucha! Si usté
los oyera, como yo en una ocasión tuita la conversación
que con otro tuvo el juez; le asiguro que esa vez se me achicó
el corazón.
361 Hablaban de hacerse
ricos con campos en la fronteras, de sacarla más ajuera, donde
había campos baldidos y llevar de los partidos gente que la
defendiera.
364 Hace mucho que sufrimos
la suerte reculativa trabaja el gaucho y no arriba porque a lo mejor
del caso, lo levantan de un sogazo sin dejarle ni saliva.
365 De los males que
sufrimos hablan mucho los puebleros, pero hacen como los teros para
esconder sus niditos: en un lao pegan los gritos y en otro tienen los
güevos.
366 Y se hacen los que no
aciertan a dar con la coyontura: mientras al gaucho lo apura con
rigor la autoridá, ellos a la enfermedá le están
errando la cura.
367 ya veo que somos los dos
astillas del mesmo palo: yo paso por gaucho malo y usté anda
del mesmo modo; y yo, pa acabarlo todo, a los indios me refalo.
368 Pido perdón a mi
Dios que tantos bienes me hizo, pero dende que es preciso que viva
entre los infeles, yo seré cruel con los crueles: ansí
mi suerte lo quiso.
369 Dios formó lindas
las flores, delicadas como son; le dio toda perfeción y cuanto
él era capaz, pero al hombre le dio más cuando le dio
el corazón.
370 Le dio claridá a
la luz, juerza en su carrera al viento, le dio vida y movimiento
dende la águila al gusano; pero más le dio al cristiano
al darle el entendimiento.
371 Y aunque a las aves les
dio, con otras cosas que inoro, esos piquitos como oro y un plumaje
como tabla le dio al hombre más tesoro al darle una lengua que
habla.
372 Y dende que dio a las
fieras esa juria tan inmensa, que no hay poder que las venza ni nada
que las asombre, ¿qué menos le daría al hombre
que el valor pa su defensa?
373 Pero tantos bienes
juntos al darle, malicio yo que en sus adentros pensó que el
hombre los precisaba que los bienes igualaba con las penas que le
dio.
374 Y yo empujao por las
mías quiero salir de este infierno: ya no soy pichón
muy tierno y sé manejar la lanza, y hasta los indios no
alcanza la facultá de gobierno
375 yo sé que allá
los caciques amparan a los cristianos, y que los tratan de cuando se
van por su gusto. ¡A qué andar pasando sustos-! Alcemos
el poncho y vamos.
376 En la cruzada hay
peligros, pero ni aun esto me aterra: yo ruedo sobre la tierra
arrastrao por mi destino; y si erramos el camino- no es el primero
que lo erra.
377 Si hemos de salvar o no,
de esto naides nos responde; derecho ande el sol se esconde tierra
adentro hay que tirar; algún día hemos de llegar-
después sabremos a dónde.
378 No hemos de perder el
rumbo: los dos somos güena yunta. El que es gaucho ve ande
apunta aunque inora ande se encuentra; pa el lao en que el sol se
dentra dueblan los pastos la punta.
379 De hambre no
pereceremos, pues, sigún otros me han dicho, en los campos se
hallan bichos de los que uno necesita- gamas, matacos, mulitas
avestruces y quirquinchos.
380 Cuando se anda en el
desierto se come uno hasta las colas; lo han cruzao mujeres solas
llegando al fin con salú, y ha de ser gaucho el ñandú
que se escape de mis bolas.
381 Tampoco a la sé
le temo; yo la aguanto muy contento; busco agua olfatiando el viento
y, dende que no soy manco, ande hay duraznillo blanco cavo, y la saco
al momento.
382 Allá habrá
siguridá ya que aquí no la tenemos; menos males
pasaremos y ha de haber grande alegría el día que nos
descolguemos en alguna toldería.
383 Fabricaremos un toldo,
como lo hacen tantos otros, con unos cueros de potro, que sea sala y
sea cocina. ¡Tal vez no falte una china que se apiade de
nosotros!
384 Allá no hay que
trabajar, vive uno como un señor; de cuando en cuando un
malón, y si de él sale con vida, lo pasa echao panza
arriba mirando dar güelta el sol
385 Y ya que a juerza de
golpes la suerte nos dejó aflús puede que allá
veamos luz y se acaben nuestras penas: todas las tierras son güenas;
vamonós, amigo Cruz.
386 El que maneja las bolas,
el que sabe echar un pial y sentársele a un bagual sin miedo
de que lo baje, entre los mesmos salvajes no puede pasarlo mal.
387 El amor como la guerra
lo hace el criollo con canciones; a más de eso en los malones
podemos aviarnos de algo; en fin amigo, yo salgo de estas
pelegrinaciones.
388 En este punto el cantor
buscó un porrón pa consuelo, echó un trago como
un cielo, dando fin a su argumento; y de un golpe el instrumento lo
hizo astillas contra el suelo.
389 Ruempo, dijo, la
guitarra, pa no volverme a tentar; ninguno la ha de tocar, por siguro
tengaló; pues naides ha de cantar cuando este gaucho cantó.
390 Y daré fin a mis
coplas con aire de relación; nunca falta un preguntón
más curioso que mujer, y tal vez quiera saber como jué
la conclusión.
391 Cruz y Fierro de una
estancia una tropilla se arriaron; por delante se la echaron como
criollos entendidos, y pronto sin ser sentidos por la frontera
cruzaron.
392 Y cuando la habían
pasao, una madrugada clara le dijo Cruz que mirara las últimas
poblaciones, y a Fierro dos lagrimones le rodaron por la cara.
393 Y siguiendo el fiel del
rumbo se entraron en el desierto, no sé si los habrán
muerto en alguna correría, pero espero que algún día
sabré de ellos algo cierto.
394 Y ya con estas noticias
mi relación acabé; por ser ciertas las conté,
todas la desgracias dichas: es un telar de desdichas cada gaucho que
usté ve.
395 Pero ponga su esperanza
en el Dios que lo formó; y aquí me despido yo que he
relatao a mi modo MALES QUE CONOCEN TODOS, PERO QUE NAIDES CONTÓ.
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